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Cada paja es un aborto

El Palomar presenta Cada paja es un aborto, la primera exposición individual de Lucía Egaña Rojas en Barcelona. Cada paja es un aborto problematiza la estigmatización del sexo no reproductivo e indaga en las posibilidades de agenciamiento de lo monstruoso, lo deforme y lo incorrecto. La exposición se construye a partir de diversos materiales, producidos en diferentes momentos y con distintas narrativas que convergen en el mismo espacio: los 20 metros cuadrados del Palomar.

“Cada paja es un aborto” se toma de la jerga cristiana de ultraderecha. La paja, acto sexual no reproductivo y predecible reacción refleja ante la pornografía mainstream, de alguna forma extraña adquiere las connotaciones pecaminosas del aborto porque una sustancia susceptible de convertirse en embrión, *“se pierde”*.

Forman parte de esta muestra 24 collages de pequeño formato que fueron realizados a partir de fragmentos de fotos de DNI encontrados frente a una guardería que ya no existe. Los trozos fueron recompuestos conformando fisonomías aberrantes y al mismo tiempo ridículas. Estos rostros fueron molidos utilizando el criterio adulto de proteger la imagen del niño, prohibiendo su tráfico al margen del contexto regulador de la guardería, y de paso destruyendo su representación fotográfica. La agencia de sus rostros sólo podía operar bajo los parámetros de la burocracia educativa, en un tránsito hacia el desarrollo de una potencial humanidad. Siempre supervisada promesa de futuro.

Los niños siguen enunciando una de las mayores zonas de vulnerabilidad. Aún no son personas, pero llegarán a serlo, y por eso su imagen debe ser protegida ante la amenaza de la mirada desregulada de la calle. De momento sus representaciones no tienen siquiera derecho a ser traficadas en la basura, por los circuitos y derivas de lo inútil.

Otro ejercicio en collage de mediano formato opera reuniendo genitales usurpados por el ojo de la institución médica e imágenes de la revista Private. Estos dos espacios enunciativos del cuerpo mecanizado/privatizado, producen un cortocircuito avalado por esa estética que comparte un género coherente y normado.

La exposición se completa con una pequeña instalación de pan fabricado con fluidos sexuales recopilados por Lucía Egaña. El pan, grado cero de lo alimenticio junto al agua, material simbólico desde múltiples perspectivas, se convierte en un objeto dotado de fuerza masturbatoria, incorporando en su masa el asco y la amenaza de lo tóxico. Los panes que no comieron los asistentes a la exposición, fueron dados a las palomas en una performance de clausura.

Durante el tiempo de exposición se realizaron dos talleres práctico/experimentales en colaboración con Yosjuan Piña y Dani d’Emilia.

Lucía Egaña Rojas no utiliza un solo medio de producción, trabaja a través de la escritura, la producción audiovisual, las instalaciones artísticas, los talleres, la infiltración académica, el activismo feminista, el collage, entre otros. Su posición es más cercana a lo experimental que a lo experto.
En términos temáticos problematiza las relaciones entre alta y baja cultura, entre high tech y low-fi, entre el espacio público y el privado. Esto lo realiza a través del trabajo, la investigación y la divulgación del transfeminismo y el postporno, el D.I.Y., las dinámicas del error y proyectos de arte de creación colectiva.

* Itziar Ziga en el libro Malditas (2014) recuerda una pancarta contra la Ley Gallardón que dice: “las lesbianas abortamos cada vez que follamos”.

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  • Lucia Egaña Rojas
  • Yosjuan Piña
  • Dani d’Emilia
  • Equipo Palomar
  • El Palomar>
  • 5/12/14-28/12/14